
Los aficionados al cine cada vez lo tenemos más difícil. O más fácil, según se vea: las salas de cine no dejan de subir sus precios año tras año, a lo que hay que sumar unos espectadores que a menudo dejan mucho que desear con su comportamiento sin que nadie le ponga remedio. Todo ello a la vez que los televisores y proyectores domésticos son más y más capaces y espectaculares: la decisión es sencilla.














































