A estas alturas es innegable: los discos de vinilo viven un boom que no se veía desde la misma época en que eran el estándar de la industria. Un detalle en el que es imposible no fijarse, sobre todo si tenemos en cuenta que por las manos nos han pasado varias generaciones de formatos sucesores, algunos de ellos totalmente muertos.
Con la situación así, queda claro que el vinilo tiene que tener algún tipo de magia: un algo que le haya hecho resurgir precisamente ahora que las tecnologías de sonido son más capaces que nunca.
¿Por qué han vuelto los discos de vinilo cuando hace tiempo que las cintas de casette e incluso los CDs de música han sido relegados al olvido? La respuesta no es sencilla porque pasa por un hecho que a muchos no les gustará escuchar: técnicamente, el vinilo no es superior a los formatos digitales de calidad.
Cómo funcionan los discos de vinilo
Antes de entrar en detalle, conviene dirigirse a las bases. Parece que sea magia poner el vinilo en el tocadiscos, colocar la aguja en su sitio y dejar que la música empiece a sonar, pero lo cierto es que estamos ante un funcionamiento totalmente físico y que no tiene nada de milagroso.
El disco de vinilo, como muchos sabemos, está cubierto en su superficie de un buen número de protuberancias y estrías que dan lugar al registro como tal de la música. La aguja vibra al deslizarse sobre ellas y es esta vibración, cuando se capta por la cápsula, que se convierte en señales eléctricas. El amplificador es el encargado de recibir estas señales y obrar la magia: convirtiéndolas en música capaz de sonar en un altavoz, incorporado o externo.
La parte eléctrica no es totalmente necesaria, además, porque simplemente está ahí para amplificar las vibraciones, que pueden producir sonido por sí mismas. Sin embargo, hay que ser realistas: este formato tiene claras limitaciones. La información se almacena físicamente en los surcos que forman el disco: si el surco se hace demasiado grande buscando un grave potente, la aguja salta a otra pista, mientras que si las vibraciones son demasiado pequeñas, la aguja no conseguirá traducirlas en toda su complejidad.
El formato digital ofrece posibilidades mucho más amplias
En contrapartida, el formato digital nos deja disfrutar de pistas con una riqueza de información virtualmente infinita. Aquí no hay surcos grabados en un disco, sino cierta cantidad de 0s y 1s que captan la información contenida en la música. Cuantos más datos, más fiel será la reproducción luego, con lo que podríamos llegar a crear pistas tan ricas que sea físicamente imposible para el oído humano distinguirlas del sonido real.
Al menos en cuanto al formato, claro: seguimos limitados por nuestros altavoces y dispositivos reproductores, aunque aquí el vinilo y todos los otros formatos están en las mismas.
Poder añadir además tantos canales de audio como queramos permite una mayor personalización en la ecualización y mayores posibilidades a la hora de crear audio espacial o envolvente, entre muchos otros efectos. Es claramente superior.
¿Por qué suena tan bien el vinilo entonces?
Y llegamos al punto clave, porque todo lo dicho hasta ahora no importa si la práctica sigue diciendo que, a la hora de la verdad, el vinilo gusta más a muchos usuarios. ¿Por qué ocurre esto?
Hay varios aspectos a tener en cuenta, pero uno de ellos podría ser que las limitaciones que el vinilo imponía obligaron a los expertos a tener mucho cuidado acerca de cómo se hacían las mezclas en estudio, con lo que en estos discos rara vez encontrábamos una mezcla mal llevada a cabo: era un trabajo muy fino.
Por otro lado, el sonido de los discos de vinilo es cálido y esos chasquidos y pequeñas imperfecciones en el audio que el lo-fi intenta reproducir dan lugar a algo que nuestro cerebro adora: nostalgia. Y sí, es posible sentir nostalgia por una época que ni siquiera hayas vivido, los jóvenes no están excluidos de esta fórmula: es un efecto cerebral muy potente que nos evoca sensaciones de una época mejor y buenos sentimientos, tengan base real o no.
Además también influye el equipo en que escuchamos la música: si sueles escuchar tus canciones digitales en unos auriculares in-ear baratos pero conectas tu tocadiscos a un equipo de sonido potente, huelga decir que el sonido del segundo será mejor.
En definitiva, el vinilo es un formato con un valor innegable y que es una gozada poder volver a disfrutar, pero conviene ser consciente de las limitaciones, ventajas e inconvenientes de lo que elegimos en cada caso y no caer en falsas ilusiones de perfección.
El toque cálido de los discos de vinilo sigue siendo un punto muy a favor para muchos usuarios y melómanos, con una personalidad propia tan apreciada como insustituible, pero si buscas la mayor fidelidad, el formato digital sigue dando el mayor rendimiento.
