Llega el verano y, con él, una de las peores experiencias para muchas personas en España: la de tener que enfrentarse a una factura de la luz mucho más cara. Pero ¿sabías que puedes solucionarlo con algunos cambios en tu forma de uso?
Según estudios de la OCU, el uso del aire acondicionado va a suponer a los españoles un incremento de entre el 20 % y el 50 % de su factura de la luz. Depende en buena medida del equipo, pero el gasto promedio por hora puede ser de 0,30€ por hora. Es decir, de alrededor de 60€ si lo usas 6 – 8 horas al día, que es lo habitual en muchos hogares españoles cuando suben las temperaturas. No hemos de olvidar que hay ciudades en las que nos encontramos durante julio y agosto con temperaturas máximas de más de 40 grados durante semanas.
Y el problema es que hay muchos hogares que no pueden asumir este coste, según reflejan los últimos estudios de Eurostat. Son muchas las personas que buscan trucos para conseguir estar cómodos en casa, pero sin que se dispare la factura de la luz. Y hay expertos que señalan que la clave podría ser combinar el aire acondicionado y un buen ventilador.
La clave reside en la sensación térmica
Es habitual que todos contemos con algún ventilador en casa, ya sea de techo (que se han convertido en la solución más práctica para dormitorios en los últimos años), de pie o de sobremesa. Pero hay quien cree que su ciclo acaba cuando comienzan a subir las temperaturas, y los sustituyen por el aire acondicionado. Cuando el truco podría haber sido, desde el principio, combinarlos.
Porque la sensación térmica no depende únicamente de que baje la temperatura, sino también de cómo está circulando el aire en una estancia. Si este se encuentra estancado, son muchos los estudios que aseveran que aumenta la sensación de calor que tenemos los humanos. Pero si hay movimiento, aunque la temperatura sea algo mayor, la sensación será mucho más confortable. Y hay estudios, como el publicado en la revista The Lancet Planetary Health, que aseveran que un ventilador consigue disminuir hasta en 3 – 4 grados la temperatura.
Pero ¿qué significa esto para nosotros, como usuarios? Una estancia nos resultará cómoda si estamos a 28 grados, más o menos, siempre que haya buena ventilación. No obstante, lo habitual es que el aire baje hasta 25 grados. Y es ahí donde hay pérdida de eficiencia energética, porque no hace falta que haya una bajada tan drástica.
Lo que muchos expertos están recomendado, de cara a ahorrar, es poner el aire a unos 26 o 27 grados y usar, a la vez, un ventilador. De este modo, vas distribuyendo de forma mucho más homogénea ese aire frío y consigues que la sensación en la sala sea mucho más confortable.
No bajes la temperatura de tu aire a 22 o 23 grados: gastas de más
Uno de los grandes errores que todos cometemos (por impaciencia, normalmente) es el de bajar la temperatura del aire a 22 o 23 grados, pensando que así conseguiremos que se enfríe antes. Y sí, pero… ¿A qué coste?
Hace unas semanas, el experto Jorge Morales de Labra realizó una intervención en la radio y explicó que el bajar tantos grados el aire tiene un coste muy alto en la economía de nuestros hogares. «Bajar un solo grado el aire acondicionado puede encarecer la factura un 7%», explicó. Y esto coincide con estudios previos que hizo la OCU, que incluso señalaba que el incremento llegaría a ser de un 10 %.
Comparado con esto, un ventilador consume muy poco. Incluso combinándolo, notarías una reducción del consumo, porque estarías reduciendo el uso del aire acondicionado. Y, además, la sensación será más agradable, porque reseca mucho menos el ambiente. No es sustituto, pero sí un gran acompañamiento.
Algunos tips para mejorar la eficiencia este verano
Lo mejor de cara a conseguir una temperatura agradable en verano es aislar bien la casa, especialmente aquellas que tienen mucha incidencia de sol o que se encuentran en zonas muy calurosas. Y te dejamos aquí 5 consejos que podrían serte de ayuda en este sentido:
- Cuando llegue mediodía, echa persianas y cortinas, cortando así el paso del sol en la medida de lo posible. Llegan las horas fuertes de calor, y este sencillo gesto marcará la diferencia.
- Pon el aire acondicionado siempre a una temperatura agradable, pero con la que no pases frío. Por ejemplo, 25 o 26 grados. Y trata de encenderlo antes de que lleguen las horas de calor más intenso del día, porque así notarás que refresca la habitación mucho antes.
- En caso de que vivas en una ciudad muy calurosa, es mejor poner el aire a 26 – 27 grados y dejarlo más horas que apagarlo y encenderlo de nuevo. Porque ese empuje inicial de energía consume mucho.
- No abras las ventanas de forma inmediata cuando quites el aire; usa, especialmente aquí, el truco del ventilador. Porque así podrás notar una brisa fresca y no harás que se escape todo el aire frío que ya habías generado.
- Y, por último, controla siempre tu gasto energético con las aplicaciones que ofrecen o bien los mismos electrodomésticos o bien tu compañía de la luz. Así podrás detectar qué es lo que más está consumiendo en tu factura y hacer pequeños cambios, en la medida de lo posible.
