En una época en que cada vez más dispositivos en casa dependen de la conexión inalámbrica, contar con una buena conexión Wi-Fi en casa se convierte en una cuestión de calidad de vida.
No son pocos los hogares en que las preguntas o quejas del estilo de «¿Qué ha pasado con internet?» o «¿Quién está descargando algo?» son regulares. A menudo no es un problema de falta de ancho de banda o de que nadie esté abusando de la línea: actualmente, incluso con una conexión de fibra básica se debería contar con margen más que suficiente para que todos en casa puedan usar el Wi-Fi sin problemas.
Y sin embargo, a menudo no ocurre y llegan los problemas en forma de línea lenta, caídas o mala conexión en general. Como muchas veces ocurre con la informática en general, la solución es en realidad mucho más sencilla de lo que podría parecer.
El router: el centro neurálgico del hogar inteligente
El router es un dispositivo particular: polarizante. La mayoría de hogares y usuarios solo saben que tienen uno en casa, donde el técnico lo puso, y que tiene nombre y contraseña escritas en una tarjetita que se mueve por la casa. Para otros, es un centro de actividad en el que se revisan constantemente diversas métricas y se busca la configuración óptima para un rendimiento y cobertura impecables.
Es normal que la gran mayoría de gente se encuentre en el primer grupo porque los routers actuales son realmente sencillos de utilizar, al menos a nivel básico. Basta con enchufarlos y, gracias a la configuración preliminar hecha por el técnico cuando lo instaló, simplemente dan señal. Así de fácil. Si has comprado un router por tu cuenta o un extensor de señal, habitualmente bastará con conectarlo a la unidad principal en casa y, de nuevo, la magia se obrará por sí misma.
Así que solemos girarnos hacia él solo cuando la conexión hace de las suyas y el rendimiento no nos complace. ¿La solución universal? Reiniciarlo, por supuesto. Y lo mejor es que suele funcionar: a menudo un reset es suficiente para que todo vuelva a funcionar como debe. Pero es inevitable hacerse la gran pregunta: ¿cada cuándo hay que reiniciar el router en casa?
Cada cuánto tiempo debes reiniciar tu router
No hay una respuesta corta y universal para la pregunta, como ya te habrás imaginado. En caso contrario, este artículo sería mucho más corto. Muchos usuarios se limitan a reiniciar el suyo simplemente cuando no va bien, incluso si esto implica semanas o meses sin que el dispositivo se purgue una sola vez.
Y no es una elección tan rara: son muchos los que hacen lo mismo con sus ordenadores, portátiles y smartphones o tablets. Y sin embargo, especialmente con los móviles, que casi nunca se apagan, y con los dispositivos que usan Windows, un reinicio regular es esencial para asegurar un funcionamiento ágil y óptimo.
El funcionamiento prolongado hace que se acumulen pequeños errores, montones de datos y procesos en segundo plano que van cargando el sistema en estos dispositivos, y un reinicio es la mejor forma de limpiarlos de un plumazo. Con el router pasa algo parecido.
No hay un número mágico, pero un reinicio al mes no te hará ningún daño, no provocará molestias en casa y hará que tu dispositivo trabaje mucho más desahogado. Si te sientes generoso, puedes hacerlo incluso una vez por semana.
La mejor forma de reiniciar el router
¿Y cuál es el mejor método para reiniciar el router? También el más sencillo: si tu router cuenta con botón de encendido/apagado, basta con que lo pulses, lo dejes apagado durante 30 segundos y luego lo vuelvas a encender. Ya está, así de fácil.
Si no tiene botón, bastará con desconectarlo de la alimentación, dejarlo así por los 30 segundos de rigor, y volverlo a conectar. Este dispositivo no se daña por desconexiones inesperadas, así que no tienes que tener ningún miedo al hacerlo.
De hecho, muchos routers avanzados te permitirán incluso programar reinicios periódicos automáticos, aunque aquí te recomendamos hacerlo de forma manual para evitar sustos o desconexiones en el momento más inoportuno si se te olvida cuándo tocaba reset.
