En España, como en el resto de la Unión Europea, acabamos de entrar al horario de verano. Es el cambio de hora «malo», el que duele, porque nos roba del día una hora que no recibiremos de vuelta hasta el cambio de octubre, listo para trastocar nuestros ritmos una vez más.
El asunto de que todavía se lleven a cabo los cambios a horario de verano y de invierno no ha levantado pocas ampollas, ya que la utilidad de esta iniciativa a estas alturas ya está poco clara de por sí, pero tiene aún menos sentido en un país con tantas horas de sol como el nuestro.
Sin embargo, es un hecho: esta madrugada de domingo, cuando dieron las 02:00 todos los relojes inteligentes saltaron automáticamente a las 03:00, aunque en Canarias esto ha ocurrido una hora antes para los isleños, como es habitual.
Un cambio cada día más invisible
Hace una década o dos el cambio del horario estacional era algo mucho más notable, consciente: teníamos que cambiar la hora de todos los relojes en casa manualmente. Desde el coche a tu reloj de pulsera, la pérdida o la ganancia de una hora quedaba patente al actualizarla en nuestros dispositivos.
Sin embargo, desde que no llevo reloj mecánico a la muñeca y mis principales fuentes para ver la hora se han vuelto dispositivos conectados como el móvil y el ordenador, el cambio se ha vuelto mucho más peligroso. No han sido pocas las veces que no me he dado cuenta de ello hasta tener un susto mirando el reloj del coche varios días después, entendiendo repentinamente de dónde sale ese cansancio o desajuste que llevaba días acarreando.
Ahora que prácticamente todos nuestros dispositivos son inteligentes, el mundo es capaz de robarnos o regalarnos una hora y a menudo ni siquiera tenemos forma de saberlo: no deja de ser perturbador.
A qué aparatos hay que cambiar la hora manualmente
Una de las primeras cosas que hay que hacer en estos casos es asegurarse de que todos los relojes que consultas tienen la hora actualizada. Prácticamente cualquier dispositivo con acceso a internet se actualizará de forma automática, pero no siempre es así: a veces quedan reliquias de la era analógica que requieren de nuestra intervención manual y, si no lo haces, te arriesgas a llevarte un susto en el peor de los momentos. Al jefe no suele hacerle mucha gracia que llegues una hora tarde al trabajo.
Revisa en casa todos estos relojes que podrían necesitar de tu mano humana:
- Relojes de pared
- Despertadores clásicos de mesita de noche
- Relojes analógicos de muñeca
- Coches sin conectividad inteligente
- Termostatos y dispositivos de calefacción
- Grandes electrodomésticos como hornos, microondas o neveras
Cómo combatir el jet lag del cambio de hora
Es cierto: en Europa estamos mucho más acostumbrados al jet lag porque lo vivimos dos veces al año incluso sin poner un pie fuera de nuestro barrio. La sensación de cansancio que se nos echa encima habitualmente tras esos días no tiene nada de falsa: es el cuerpo sufriendo los múltiples desajustes que este cambio acarrea.
Y es que esta práctica, que tienen su origen en la crisis energética de principios de los 70, tiene unos efectos que no se pueden menospreciar. Todo viene dado por la alteración de nuestros ritmos circadianos: cuando deja de haber luz solar, el cuerpo empieza a producir melatonina, una hormona que, entre otras funciones, nos ayuda a preparar el organismo para el descanso nocturno.
Al cambiarse la hora, el cuerpo mantiene durante un tiempo unos ritmos desajustados en la producción de melatonina, que repercuten en un descanso de peor calidad, cansancio físico y desgaste mental, entre una larga lista de problemas asociados a todo esto. En resumen: esa sensación de que acaban de darte una paliza es física y real, y tiene una explicación científica.
No se puede hacer mucho al respecto, pero hay algunas medidas que puedes aplicar incluso ahora, después del cambio:
- Asegúrate de mantenerte hidratado: a menudo bebemos poca agua y esto es especialmente importante en estos periodos
- Evita el alcohol y la cafeína: ambas sustancias tienen un impacto drástico en nuestros ritmos circadianos y conviene evitarlas hasta asumir el cambio
- Evita las siestas de más de 30 minutos: es difícil si estás cansado y puedes permitírtelo, pero procura no pasar de ese tiempo
- Baja las persianas y evita las pantallas con la suficiente antelación antes de dormir
