A estas alturas las barras de sonido se han asentado de forma más que sólida como el estándar actual. La clave de su éxito noes difícil de entender: ofrecen el punto dulce ideal entre sencillez de instalación y sonido de alto nivel.
Además, podemos encontrar barras de sonido de todas las gamas y para todos los bolsillos, desde dispositivos realmente económicos y compactos, ideales para escritorios o habitaciones pequeñas, hasta auténticas bestias de las marcas referentes a la altura de los audiófilos más exigentes.
Sin embargo, hay un detalle que aún se le escapa a muchos usuarios. Si bien las barras nos dan mayor libertad de instalación por reducir en gran medida la cantidad de dispositivos necesarios en el salón, eso aún no significa que podamos ponerlas en cualquier sitio: la ubicación es la clave para que incluso una barra de la gama más alta no suene bien, o para que un modelo barato dé unos resultados sorprendentes.
El sonido necesita espacio
Es cierto que las barras siguen sin ser la primera opción de los usuarios más especializados y exigentes, pero sin duda siguen siendo lo más recomendable para el 99 % del público.
Una barra es ideal para casi cualquier hogar porque ocupa mucho menos espacio que los equipos de sonido tradicionales, es fácil de ubicar en cualquier hueco del mueble de salón y acaba con muchas complicaciones.
Desgraciadamente, el espacio es algo que nunca sobra en nuestros hogares y muchas barras acaban encajonadas en huecos pequeños, tras puertas de madera o paneles de cristal o en ubicaciones incluso más rebuscadas. Todos estos ejemplos son la forma perfecta de hacer que una barra de 300 euros o más suene como una de 50.
El sonido necesita espacio para propagarse adecuadamente, sin tener que lidiar con los ecos, resonancias y reverberaciones que provocan los objetos y obstáculos cercanos. Si tu barra está en un espacio reducido, la madera del mueble a su alrededor o los materiales de los objetos cercanos vibrarán, contaminando el sonido y distorsionándolo o «ensuciándolo» de distintas formas.
Esto puede convertirse en un problema grave especialmente a la hora de escuchar los diálogos o en escenas donde los graves sean muy profundos, haciendo que la mezcla se vuelva obtusa y desagradable al oído.
La mejor ubicación para tu barra de sonido
Así, queda claro que incluso los equipos de audio más caros y exclusivos necesitan de una buena ubicación. De hecho, en estos es donde esta es más importante, pues la inversión a arruinar es mucho mayor con una mala elección.
¿Qué puedes hacer? Sigue estas indicaciones:
- Lleva la barra hasta el borde frontal del soporte o del estante del mueble y asegúrate de que no tiene nada encima. Evidentemente, no necesitas dejarla a punto de caerse, pero no la entierres hacia atrás.
- La altura ideal para la barra es la misma que la de los oídos de quien vaya a escucharla. Como esto suele ser difícil en la gran mayoría de ocasiones, ubícala ligeramente hacia arriba o hacia abajo dentro del margen de maniobra que tengas, siempre buscando acercarte al máximo a esa altura óptima.
- La alineación horizontal es clave: la barra debe estar centrada frente al usuario: si la llevas a uno de los dos extremos, arruinarás por completo la espacialidad del sonido. Este es probablemente el punto más importante.
Todas estas indicaciones coinciden, si te fijas, con esa posición ideal que los expertos recomiendan en las salas de cine: a dos tercios de la parte trasera y en el centro exacto de la fila. No es casualidad: es donde el sonido produce mejor su efecto envolvente y donde la inmersión es mayor con diferencia.
Hay muchos más efectos y características que tener en cuenta, pero a nivel doméstico esto es lo más importante. Por otro lado está el subwoofer, que algunas barras incluyen en formato inalámbrico, y que conviene ubicar a nivel de suelo y cerca del oyente para conseguir el mejor efecto.
