Hace calor, mucho calor. Sí, no estamos descubriendo la sopa de ajo: estamos con un pie en julio y es normal que las temperaturas sean altas, pero no tanto que sean así de altas. Los termómetros están disparados no solo en todo nuestro país, incluso en las zonas habitualmente más frescas, sino que parecen haber perdido la cabeza en territorios vecinos como Francia o el Reino Unido, un poco más arriba.
Ante una situación como esta, es normal que uno busque milagros y se agarre a cualquier solución para intentar mantener la casa lo más fresca posible o, al menos, habitable. Algo especialmente importante cuando llega la hora de dormir por la noche y nos acostamos en un ambiente en que es imposible descansar y sabiendo que el despertador sonará sin piedad en unas horas.
Lo más importante aquí es saber lo básico y no caer en algunos errores comunes.
La clave de todo: la amplitud térmica
Cuando hablamos de amplitud térmica u oscilación térmica, normalmente acotándola a un periodo de 24 horas (o de un año en estudios más amplios) nos referimos a la diferencia entre las temperaturas mínima y máxima que se han dado en ese día o periodo de tiempo concreto.
Este valor tiene un peso vital a la hora de dejarnos descansar por las noches porque, si bien una temperatura de 40 grados a la sombra a las tres de la tarde es algo que no se le desea ni al peor enemigo, lo cierto es que se tolera mejor, mucho mejor, que un termómetro por encima de los 30 grados de madrugada.
El organismo necesita la noche para recuperarse del estrés térmico sufrido durante el día y para colmo la producción de melatonina, la hormona del sueño que nos prepara para descansar adecuadamente, está ligada al descenso de las temperaturas como debería ocurrir generalmente cuando se pone el sol.
El problema es que las grandes ciudades e incluso los edificios en que vivimos acumulan inercia térmica durante todo el día: absorben gran cantidad de calor durante las peores horas y lo liberan lentamente después, por lo que a menudo no vemos cómo las temperaturas descienden de forma significativa hasta poco antes del amanecer, cuando el despertador está a punto de sonar.
Para evitar esto en la medida de lo posible, es importante aislar el hogar al máximo, manteniendo las ventanas cerradas y persianas bajadas durante las horas de calor y no abriéndolas hasta que la temperatura exterior haya empezado a descender. Abrir para ventilar es un reflejo inmediato cuando el calor aprieta, pero si el aire de fuera está a 40 grados, lo que entra en casa no es más que fuego.
Algunos trucos para refrescar tu casa
Evidentemente, lo primero en lo que muchos pensamos es en encender el aire acondicionado a todo trapo y no dejarlo respirar hasta que la casa parezca un fiordo noruego pero muchas veces no es posible, o bien no queremos pagar una factura de electricidad desorbitada a fin de mes.
Para bajar un poco las temperaturas hay varios trucos que puedes usar:
Usa la ventilación cruzada. En cuanto la temperatura en la calle dé tregua abre las ventanas, pero no abras solo una: si abres dos puntos en lugares opuestos de la casa, se creará de inmediato una corriente de aire que será muy refrescante si estás en la zona de paso. A veces, abrir menos ventanas puede hacer que la corriente sea más rápida o intensa, resultando también mucho más agradable.
Usa la humedad ambiental. Si vives en una zona seca, tener un pulverizador de agua en la zona más fría de la nevera puede ser una muy buena opción. Puedes usarlo sobre el aire, paredes y suelo de las zonas de la casa donde se acumula calor y, si no tienes facilidad para sudar, usarlo sobre tu piel antes de ponerte delante del ventilador hará milagros.
La toalla húmeda. En la misma dirección que el consejo anterior, si pones una toalla mojada con agua fresca detrás del ventilador, (siempre sin tapar por completo sus rendijas de respiración, eso sí) el agua que se evapora de la misma será recogida por el propio ventilador y arrojada hacia ti en forma de aire fresco. No, no va a convertir tu ventilador en un aire acondicionado split de 10.000 frigorías, pero el efecto puede ayudarte a conciliar el sueño mejor.
