En plena fiebre de los híbridos y los eléctricos, podría parecer que lanzar un coche con motor diésel no es la mejor de las opciones. Y sin embargo, llegan los ingenieros de Mazda, ponen los números sobre la mesa y es imposible no alzar una ceja.
Y es que es cierto que el futuro parece apuntar en todo caso hacia los vehículos eléctricos, pero la realidad es que en nuestro país, hoy por hoy, las infraestructuras todavía pueden resultar muy limitantes para estos vehículos en muchos casos.
Dependiendo de dónde vivas o de los recorridos que suelas hacer, contar con estaciones de carga operativas y viables no siempre es sencillo, por no hablar del desafío que los trayectos más largos pueden suponer en muchos casos.
Así, y aunque Europa dice que el futuro es eléctrico, lo cierto es que comprar un coche con motor de combustión ahora mismo podría no ser tan mala idea: serán al menos nueve o diez años pudiendo circular con él y, por precios como este, cuesta decir que no.
Un SUV diésel con etiqueta ECO
El CX-60 es una de esas maniobras de mercado que solo pueden salir muy bien o muy mal. Y lo ampliamente conocido que es el vehículo a estas alturas apunta claramente al primer caso, con un motor de 3,3 litros y seis cilindros en línea que llega a entregar 200 CV y 450 Nm de par, pero que gracias al sistema MHEV se hace con la etiqueta ECO de la DGT.
Esto no es poca cosa, y es que gracias a esa etiqueta nos aseguramos de poder acceder a las zonas de baja emisión de las grandes ciudades sin el menor de los problemas. A esto hay que añadir una hoja de especificaciones que no se puede pasar por alto: de o a 100 en 8,4 segundos y 212 km/h de punta.
Y pese a todo, ninguna de esas cifras es la más importante de este coche de Mazda, sino que su característica estrella se centra por partida doble en nuestro bolsillo. Por un lado, porque llega a ofrecer un consumo medio de 5 litros por cada 100 kilómetros, además de ser capaz de recorrer 1.000 km sin parar a repostar. Por el otro, por un precio del que vamos a hablar enseguida.
Con una autonomía de ese nivel, acceso a la etiqueta ECO y un motor de gran potencia y aceleración, uno esperaría un presupuesto a la altura de las grandes marcas, y más si estamos hablando de la propia Mazda y la calidad de acabados de los nipones.
Menos de 50.000 euros al contado
Poder llevarte un SUV de estas características a tu garaje por 47.593 euros ya es una maravilla, que se queda en unos 380 al mes con los planes que Mazda ofrece. Y es que aunque no sea un pellizco precisamente, sí se trata de un presupuesto sorprendentemente ajustado si tenemos en cuenta los coches con lo que el CX-60 compite.
Además del pack básico, la firma nipona ofrece acabado Exclusive-Line, con llantas de 20 pulgadas, cámara de visión trasera, control de crucero, ayuda al aparcamiento, asientos delanteros calefactados y faros LED, además de arranque y apertura sin llave y cuadro de mandos digital así como pantalla central, ambos de 12,3 pulgadas.
Si lo comparamos con el BMW X3, uno de sus principales competidores, encontramos que el Mazda sale ganando en potencia, aunque entrega un aceleración y punta ligeramente inferior, aunque el consumo del nipón es mucho más recortado y las características adicionales no se llevan tanta distancia, todo ello manteniendo el precio 20.000 euros por debajo.
