Las piscinas portátiles se han convertido en una opción popular cada verano para quienes buscan refrescarse sin necesidad de realizar una alta inversión que supone una piscina permanente. Sin embargo, cuando las temperaturas comienzan a descender y el otoño se acerca, llega el momento de guardarla hasta el próximo año. Este proceso, aunque puede parecer sencillo, requiere cuidado y atención para evitar daños que podrían acortar la vida útil de tu piscina o generar reparaciones posteriores.
Una vez se acaba el verano, es fundamental guardar de manera adecuada la piscina portátil, para garantizar que la próxima vez que la vayas a montar se encuentre en perfectas condiciones.
Para ello es importante tener en cuenta determinados detalles a seguir, desde su limpieza hasta el almacenamiento. Para ello será necesario realizar una serie de pasos que serán de vital importancia para evitar la acumulación de moho, posibles roturas o deterioros del material.
En este artículo, te mostraremos cuál es el proceso detallado que debes seguir para desmontar y almacenar tu piscina portátil, consiguiendo así mantenerla en óptimas condiciones.
Vacía la piscina por completo
El primer paso que debes seguir para guardar tu piscina portátil es vaciar toda el agua. Es importante que te asegures de que lo haces en un lugar donde el agua no cause problemas, como un desagüe o una zona del jardín que pueda absorberla sin dañar plantas o césped.
Muchas piscinas portátiles como la Intex 28272NP Small Frame o la BESTWAY 56283 incluyen una válvula de drenaje que facilita todo este proceso. En caso de que tu modelo no tenga una válvula, puedes usar una bomba de agua o simplemente inclinar la piscina para que el agua salga.
Es fundamental no dejar charcos de agua en el fondo, ya que la humedad residual fomenta el crecimiento de moho e incluso puede dañar el material durante el almacenamiento. Una vez vaciada al completo, es clave que revises que no queden restos de agua atrapados por los pliegues y en las esquinas.
Limpia la piscina a fondo
La limpieza es un paso imprescindible para evitar que suciedad, algas o productos químicos residuales puedan dañar la piscina durante el almacenamiento. Por ello, comienza con enjuagar la superficie para eliminar restos de cloro, protector solar o suciedad. Para ello puedes usar una manguera.
Posteriormente, con un jabón suave y un cepillo con cerdas suaves, friega tanto el interior como el exterior de la piscina. Es importante que preste especial atención en zonas donde el agua haya tenido un contacto prolongado, pues es donde es más habitual que se acumulen manchas o algas. En el caso de que encuentres resto de moho, es recomendable usar una solución diluida de vinagre blanco o bien un limpiador específico para piscinas.
Una vez terminado, asegúrate de enjuagar bien para eliminar cualquier residuo de jabón o limpiador, pues estos pueden degradar el material con el paso del tiempo.
Seca completamente la piscina
Con la piscina bien limpia ha llegado el momento de realizar un secado completo, que prevenga el deterioro del material y la aparición del moho. Para ello, debes de extender la piscina sobre una superficie limpia y plana, a ser posible bajo el sol, pero evitando las temperaturas extremas. Estas pueden dañar el material, tanto el PVC como el vinilo.
Puedes usar unas toallas o paños absorbentes para secar mejor las zonas más húmedas a la vez que compruebas que los pliegues no se queden humedecidos. Si vives en una zona fría donde el clima no permita que se seque el aire libre, puedes usar un ventilador o secador de pelo en modo frío para acelerar el proceso.
Es clave que nunca guardes la piscina si está húmeda, ya que incluso una pequeña cantidad de humedad puede causar la aparición de moho o malos olores durante su almacenamiento.
Desmontar y empaquetar la piscina correctamente
Antes de desmontar la piscina asegúrate de que esto es posible ya que hay modelos que no lo permiten. En caso de que por el contrario tenga una estructura tendrás que desmontarla siempre siguiendo las instrucciones del fabricante, que podrás consultar en el manual que te venía con ella, en la web del fabricante o poniéndote en contacto con él. Asegúrate de desarmar los componentes en el orden correcto y limpiar las piezas metálicas para que no se oxiden cuando las guardes.
Si nos encontramos ante una piscina que se infla, debes desinflarla poco a poco para que no haya tensiones en el material del que está compuesta. Para ello te recomendamos una bomba de aire que te permite hacerlo de forma uniforme y segura. Cuando la hayas desmontado, después de dejar que se seque, dóblala con cuidado para evitar pliegues o arrugas.
Si la piscina venía con una bolsa de almacenamiento, úsala para guardarla. De lo contrario, utiliza una bolsa de lona resistente o una caja de almacenamiento que proteja la piscina del polvo y la humedad.
Revisa y guarda los accesorios
Además de vaciar, limpiar y secar la piscina portátil, hay algo que se nos olvida con frecuencia y es revisar los accesorios. Estos elementos también deben ser comprobados antes de guardar, comprobar que funcionan correctamente y dejarlos a mano igual que las piscinas. Hablamos de ciertos elementos como el filtro, la escalera, la lona de protección, el skimmer o la bomba. Todos son esenciales para poder utilizar la piscina en los próximos años o cuando la necesites.
No te olvides de limpiarlos y comprobar que no sufren desgaste o daños que puedan complicar el montaje en un próxima ocasión. Detalles como una escalera oxidada o filtro en mal estado hacen que en el momento en que quieras usarlo no puedas hacerlo, incluso que tengas que pensar en comprar los accesorios. Te recomendamos además que los dejes a mano para que recuerdes dónde encontrarlos cuando los necesites, preferiblemente juntos.
Elige el lugar para el almacenamiento
Por último, un apartado clave como es el lugar donde vas a guardarla. Busca un espacio seco, fresco y protegido de la luz solar directa. Un garaje, sótano o armario interior son opciones ideales, siempre que no haya riesgo de humedad o plagas.
Evita que la piscina quede almacenada cerca de objetos afilados o productos químicos que puedan causar daños. También es recomendable colocar la piscina en una superficie elevada (como un estante) para protegerla de posibles inundaciones o contacto con el suelo húmedo.
