Un nuevo estudio lanzado por Graphite revela que aunque la velocidad de crecimiento de los artículos generados por IA se ha estancado, ya suponen más del 50 % del nuevo contenido que se publica en Internet.
Son datos relevantes e importantes, pero que hay que poner en mucho contexto para entender bien. Y es que aunque la tendencia de crecimiento de este tipo de contenido se haya estancado, no podemos negar su enorme presencia refleja un cambio impresionante en la forma en que se produce el contenido que leemos.
Graphite ha elaborado el estudio mediante herramientas de detección de IA que han aplicado a nada menos que 65.000 URL en inglés sacadas del archivo Common Crawl, ciñéndose a contenido con fecha de publicación y marcado de artículo de entre 2020 y 2025. Hay que destacar que solo se clasificaron como «elaborados por IA» aquellos artículos que presentaban más de un 50 % de su contenido como tal según sus herramientas de detección de IA, ya que estas no son perfectas: los propios autores nos indican una tasa estimada de falsos positivos del 4,2 % y de falsos negativos del 0,6 %.
Presencia sí, pero sin visibilidad
No hay que dejarse llevar por el impacto de las cifras iniciales de este estudio: la mitad de lo que se publica en Internet está generado por IA, pero es muy probable que el porcentaje de lo que tú lees en Internet generado por IA sea muy inferior.
Y es que estar ahí y que te vean son dos cosas muy distintas: desde 2022 y la popularización de ChatGPT los artículos y textos generados sufrieron un boom sin precedentes, pero lo cierto es que el asunto reveló muy pronto sus costuras. El propio estudio revela que la mayoría de estos textos que inundan el mundo digital no son buenos en posicionamiento SEO, por lo que no suelen aparecer ni en Google ni en las propias respuestas de ChatGPT y otros grandes asistentes de IA, con lo que básicamente son «bulto» casi invisible que prácticamente no cumple ninguna función.
Google y ChatGPT priorizan siempre el contenido escrito por humanos por buenos motivos: la IA puede cometer y comete errores, por lo que es necesario que base sus respuestas en información escrita y verificada por personas. Si se da el caso en que los asistentes y principales plataformas de IA empiecen a alimentarse de textos generados previamente por IA también, se crearía un auténtico caos digital en que distinguir la información verídica del producto de las alucinaciones de la IA será cada vez más díficil.
Es un problema muy serio con implicaciones tan graves que puede suponer la muerte de la parte más valiosa y útil del Internet que conocemos: como fuente de información y conocimiento. Y lo peor es que el boom de la IA en los últimos años hace que este colapso no quede lejos en absoluto.
Una explosión sin precedentes
En solo 12 meses desde el lanzamiento de ChatGPT, el contenido de artículos generado por IA en Internet pasó de prácticamente 0 % a un impresionante 40 %, en un año que con toda seguridad se estudiará en los libros de historia.
Desde entonces el crecimiento se ha ralentizado notablemente hasta llegar a estancarse en la actualidad. Si las políticas de los buscadores y asistentes se mantienen, quizás lleguemos a ver cómo la burbuja se desinfla y la cantidad de contenido empieza a bajar, aunque irónicamente las nuevas versiones y modelos alientan la creación de contenido de forma más rápida, barata y efectiva con cada generación.
Mucho de este nuevo contenido generado por IA y casi invisible pertenecer a granjas de artículos y medios que buscan cantidad por encima de calidad, una tendencia que demuestra ser menos útil cada día pero con la que algunos siguen insistiendo. Es de esperar que, aunque los textos de IA han llegado para quedarse, en los próximos años no veamos la burbuja seguir creciendo y quizás incluso empiece a perder inercia.
Desde un punto de vista optimista, es posible que hayamos presenciado el boom descontrolado y eufórico del nuevo descubrimiento, para a partir de ahora empezar a asistir a un uso más inteligente de una herramienta que, esto nadie lo pone en duda, tiene el poder de cambiar el futuro. Si además lo hace en el buen sentido, podremos sentirnos afortunados.
