El tema del formato físico en el mundo del gaming siempre termina levantando ampollas en el mundo del gaming, y no es para menos: los fabricantes y desarrolladores luchan por imponer el formato digital, mucho más conveniente para ellos, pero los usuarios no están por la labor.
Esto ni siquiera ocurre de forma exclusiva entre los jugadores: en el mundo del cine la batalla también se ha librado, con un éxito mucho más humilde. A día de hoy, no es exagerado decir que los juegos de consola son, junto a los discos de vinilo, el último bastión de resistencia frente al formato digital.
Los juegos de videoconsola en formato físico no van a irse
El PC perdió la batalla hace mucho tiempo, pero aquí las razones son más entendibles. La causa principal del arrollador éxito del formato digital en PC no es otra que el bueno de Gabe Newell y su plataforma de juegos, Steam, que reina indiscutible desde hace más de dos décadas.
Tanto es así, que a día de hoy se da por sentado que el grueso de juegos de cualquier usuario se encuentra en la plataforma y ya es toda una rareza encontrar ordenadores con lector de discos, por lo que los juegos tampoco se lanzan ya en ese formato.
Sin embargo, las consolas son otra cosa. Orientadas a un público que quiere jugar sin complicaciones como lo hacíamos cuando éramos más jóvenes, el usuario de consola está muy arraigado al formato físico por dos grandes motivos:
- El primero es el simple coleccionismo, algo que parece sencillo pero que no puede infravalorarse: no hay gamer consolero que no disfrute viendo sus estanterías de títulos jugados y completados, y contra eso no hay formato digital que pueda competir.
- El segundo es la simple cuestión práctica: un juego en formato físico puede prestarse a un amigo, puede revenderse y puede llevarse a casa de un amigo para echar unas partidas en su consola, aunque esto ya no sea tan sencillo por culpa de la necesidad de instalación, aunque de eso hablaremos más adelante.
Las tretas de Sony, Nintendo y compañía para empujarnos al entorno digital
Los motivos por los que las compañías prefieren que sus usuarios se pasen al digital son muchos y variados: mayor control sobre el uso de juegos por cuenta, menores gastos de distribución… son todo ventajas.
Pero aquí no lo han hecho bien: a diferencia de Steam, que se impuso en PC a base de ofertas impresionantes de forma regular, las grandes tiendas no alcanzan nunca los descuentos de la tienda de Valve en sus títulos estrella y tampoco ofrecen sus posibilidades de reviews y comunidad.
Para colmo, ese ahorro en costes de distribución que el formato digital implica no se ve reflejado en nuestros bolsillos, o al menos no lo suficiente, con lo que es normal que no convenzan a nadie.
Sony lo intenta poniendo a la venta consolas más baratas en versión digital y sin lector incorporado pero incluso en estos casos, el lector de discos externo acaba siendo el accesorio estrella para todo el mundo: el mercado tiene claro lo que quiere.
Nintendo lo hace a su manera con las Game Key Cards, juegos de formato físico que tienen un poco de estafa porque, a la práctica, consisten simplemente en un cartucho casi vacío que simplemente nos abre las puertas a la descarga digital íntegra del juego: hecha la ley, hecha la trampa. Aunque claro, esto no es tan distinto de las descargas de varias decenas de GB que casi cualquier juego actual exige tras instalarse en una PS5, con lo que estamos en la mismas.
Peores aún son los Code in a Box, cuando la caja ni siquiera incorpora el cartucho vacío y no se esfuerzan en mantener las apariencias al simplemente incluir una etiqueta con un código de descarga, que es lo que ha hecho Bethesda con sus ediciones Aniversario de Fallout 4 y Skyrim, para lógica frustración y montada en cólera de los usuarios.
No solo hemos perdido aquellas maravillas de manuales de instrucciones que desaparecieron sin previo aviso del mercado en algún momento entre PS2 y PS3 o PS4, sino que además nos toman el pelo con cajas vacías. Luego se extrañan de que el mercado de PC siga ganándole más y más usuarios al de consola.
