La estética vintage está pegando más fuerte que nunca en este 2026. Hay quien le llama retroniñez o busca otros nombres sofisticados, pero la realidad es mucho más sencilla y se llama nostalgia.
Y es que estamos viendo como mobiliario y accesorios que eran típicos de las casas de las abuelas o del pueblo y de los que se huyó durante mucho tiempo empiezan a volver con más fuerza que nunca.
Uno de ellos son las mesas camilla y aquí no encontramos una sola razón para negarnos a su vuelta. O mejor dicho, si las hay no nos importan, porque muy pocas sensaciones se equiparan con la agradable calidez que estos muebles nos aportaban.
En medio de la ola de frío que está sufriendo buena parte del país y que amenaza con no irse pronto, volver a ese intenso calor en las piernas que llegaba a caldear las habitaciones más grandes por completo es muy, muy tentador.
Lo que funciona siempre acaba por imponerse
Las mesas camilla de nuestros recuerdos pueden no ser el mueble más estéticamente refinado o moderno del mundo, pero sin duda funcionaban. En unos hogares en que no era común tener calefacción central ni nada que se le pareciera, la realidad es que no se pasaba frío.
Y esto no era solo porque fuésemos más duros en aquella época, sino porque los métodos que se usaban funcionaban. Y si bien las estufas de toda la vida, con leña, no son algo práctico ni seguro de importar tal cual a nuestros hogares modernos, las mesas camilla son otra historia.
Como muchos recordarán, tienen el mecanismo de un botijo: se trata simplemente de una mesa común que incorpora en su base el hueco para instalar un brasero, que es el elemento que calienta. El complemento necesario es la falda camilla de toda la vida, un mantel largo que nos permite sentarnos a la mesa, cubrirnos las piernas… y disfrutar de un auténtico spa de cintura para abajo.
Porque no se puede negar que, por mucho frío que haga, con las piernas calientes el termómetro impresiona mucho menos. Así como nada.
Vuelve el calor de lo vintage
Las mesas camilla han vuelto por todo lo alto y ya no es precisamente cosa de la abuela: marcas tan referentes como Zara Home han lanzado sus propias colecciones de manteles que no son más que faldas camilla actualizadas y Leroy Merlin tiene sus modelos de mesa, de los que hoy queremos hablar.
Y es que no se trata de una ni de dos mesas: el catálogo de la tienda online incluye mesas camilla muy económicas y de todos los tamaños que puedas necesitar, que además ahora mismo pueden encontrarse casi en su totalidad por precios alrededor de los 30 €.
El modelo en el que nos hemos fijado es de los más sencillos: una mesa de 75 cm de altura y 50 cm de diámetro, con un diseño básico porque no necesita más. Al fin y al cabo, está hecha para dar cabida al brasero y mantenernos las piernas calientes, siempre cubierta por el mantel, con lo que un acabado más elaborado sería simplemente pagar más para nada.
Las tienes disponibles en diferentes alturas y con diseños un poco más atrevidos, como una más rectangular y grande para salones o comedores. Además, poner una mesa camilla no tiene por qué implicar necesariamente replicar los diseños de hace 40 años que todos conocemos.
Ahora podemos despedirnos del ganchillo y usar manteles gruesos que mantengan el calor, pero ofrezcan diseños más modernos, además de posibilidades como un cristal del diámetro de la mesa que proteja el mantel y evite que se mueva constantemente.
Ese calor tan intenso que llega a picar en las piernas hace que el frío no pueda impresionarnos menos, además de devolvernos esa sensación hogareña de reunirse bajo la mesa del salón en busca de la calidez, que siempre invita a charlar o hacer algo juntos en casa. Y es que al final, una de las partes más importantes de avanzar es no perder de vista lo que ya funcionaba y recuperarlo, actualizándolo a las necesidades actuales.
Eso sí, conviene atender a las recomendaciones básicas de seguridad, como hacían nuestros mayores antes que nosotros. Es necesario mantener el brasero alejado de la falda y de cualquier tipo de material inflamable. Además, conviene ventilar la estancia regularmente y, si es posible, usar radiadores de aceite en lugar de los de resistencia de siempre, pues son mucho menos arriesgados.
En cualquier caso, basta con seguir el sentido común y disfrutar de los beneficios de estos aparatos y muebles sin descuidarnos. Son reliquias de otra época en que había muchas menos medidas de seguridad pero a su vez las personas procuraban tener cuidado con los elementos de riesgo: quizás actualmente nos hayamos acostumbrado demasiado a confiar en que se hayan encargado de ponerle protectores a todo por nosotros.
