A la hora de comprar un taladro, o cualquier otra herramienta que sea portátil, muchas veces caemos en la tentación de elegir el modelo más barato. Por desgracia, eso puede acabar por costar más caro de lo que imaginamos, especialmente en el ámbito del bricolaje. La diferencia de precio entre dos taladros que parecen idénticos suele residir en el corazón de la máquina: el motor.
Apostar por un taladro que tenga un motor tradicional con escobillas (o brushed, por su terminología en inglés) hace que ahorremos en la compra inicial. Pero, por desgracia, puede ser un error financiero a medio plazo. No obstante, la tecnología sin escobillas (Brushless) no solo trae consigo un salto cualitativo, sino que es una de esas inversiones que se amortizará sola.
Hoy te contamos las diferencias entre ambos tipos de taladros y, sobre todo, cuál es el mejor en cada caso.
Cómo funcionan: las auténticas diferencias
Para entender bien el ahorro, es clave comprender cómo funcionan estas dos tecnologías.
- Motores con escobilla. Usan pequeñas piezas, normalmente de carbón (esas escobillas) para ir rozando mecánicamente contra el colector del rotor. De esta manera, consiguen transmitir corriente eléctrica. Este contacto constante genera una enorme cantidad de fricción, chispas, calor y, por desgracia, un desgaste inevitable en las piezas. Antes se usaba mucho porque no había alternativas o, al menos, estas no eran económicas.
- Motores Brushless. Eliminan por completo ese contacto físico para conseguir la transferencia de energía, puesto que funcionan mediante un circuito electrónico inteligente. Este va conmutando el campo magnético alrededor del rotor, ayudándose de electroimanes.
Por qué ahorras dinero con un taladro sin escobillas
Es innegable que la inversión inicial es mayor, puesto que los taladros que no tienen escobillas suelen ser más caros. Pero no es un «malgasto», ni mucho menos: es un reflejo de los componentes internos que trae consigo. Y ese pequeño sobrecoste suele reflejarse en un ahorro directo que, como usuario, notarás de 4 formas distintas:
1. Menor degradación y sin costes de mantenimiento
En un motor convencional, estas escobillas son un elemento que se desgasta de forma continua. Y con el paso del tiempo se erosionan, provocando el fallo del motor. En caso de que no se pueda hacer un cambio de escobillas, lo habitual es que el taladro quede inservible. Pero un taladro brushless no sufre este rozamiento y, por ende, se multiplica la vida útil del equipo.
Lo habitual es que los fabricantes no publiquen datos sobre la vida media en ciclos de cada modelo, puesto que no son datos que pudieran beneficiarles. No obstante, sí que hay algunos rangos de referencia:
- En los motores con escobillas, estas suelen sustituirse aproximadamente cada 100 – 300 horas de funcionamiento.
- La vida útil de un motor con escobillas suele situarse entre las 1.000 y 2.000 horas de trabajo.
- En el caso de motorles brushless, esta vida útil del motor puede ascender a 5.000 – 10.000 horas, siempre bajo condiciones normales.
2. Mayor autonomía por cada carga
Al no ir perdiendo energía de forma constante en esa fricción y ese calor, el motor sin escobillas requiere menos batería para ofrecer la misma fuerza de apriete. Y esto se traduce en que podrás trabajar más tiempo seguido.
3. Ajuste de fuerza y consumo
Los taladros que no tienen escobilla suelen traer consigo una placa de control electrónica que se encarga de detectar la resistencia del material que tú estás perforando en ese momento. De ese modo, se van adaptando a la fuerza que realmente necesitan y usan solo la energía mínima necesaria. Un motor que no tiene escobillas gira siempre a la demanda máxima, y eso puede hacer que malgaste energía.
4. Tamaño compacto y menos sobrecalentamiento
Llegamos a un factor clave, porque el calor es el enemigo principal de las herramientas eléctricas. El sobrecalentamiento va degradando el interior de la herramienta, e incluso puede quemar el rotor en algunas tareas. Pero al mantenerse frío, el motor Brushless soporta mejor las jornadas intensivas.
Asimismo, son herramientas más pequeñas, que también suma puntos en lo que a comodidad se refiere.
Cuándo merece la pena dar el salto
En caso de que solo vayas a colgar un cuadro al año, no tienes por qué invertir más dinero en un taladro: con escobillas cumplirá su cometido. Pero es cierto que para aquellos usuarios que van a usar su taladro de forma habitual, o incluso que lo quieren de forma profesional, comprar un taladro barato con escobillas es una pérdida de dinero. Porque sentirán que este se degrada con demasiada facilidad, obligándoles a comprar uno nuevo. En este sentido, lo barato sí que saldría caro.
Imagínate que tu idea es montar muebles de forma regular. Con un taladro sin escobillas, podrás disfrutar de atornillar hasta 400 tornillos por carga; con un modelo que sí que tuviera escobillas, estaríamos hablando de alrededor de 200 – 300 taladros. Puede parecer una cifra nimia, pero es un cambio notable día a día. Si eres un profesional y usas alrededor de 4 horas el taladro al día, notarás un ahorro de hasta 150 € en dos años de uso (entre escobillas y baterías).
