Cuando el 4K estaba asentado como el nuevo estándar en el mercado de los televisores, fueron muchas las marcas que tantearon el siguiente paso lógico. Sin embargo, el 8K no funcionó en televisores y ha acabado en el olvido. Esto, sin embargo, no tiene por qué ocurrir también con los monitores.
Que los televisores 8K no acabaran de cuajar tiene mucho sentido: son muy pocos los usuarios que ven la tele tan de cerca o en diagonales tan grandes como para que la diferencia de definición sea perceptible, por no hablar de lo extremadamente difícil que es encontrar contenidos en esta resolución. De hecho, sin reescalado de por medio es imposible a la práctica.
Monitores y Smart TV: parecidos pero no iguales
En cambio, con los monitores no tiene por qué ser así. Puede parecer que un monitor y un televisor son esencialmente lo mismo, pero lo cierto es que hay algunas diferencias clave en el cómo se usan que marcan una diferencia muy importante.
- Para empezar, el monitor se usa casi siempre desde muy cerca. Sentados frente al escritorio, no hace falta tener una vista fuera de lo normal para que podamos apreciar claramente diferencias de densidad de píxeles que serían imposibles de notar desde simplemente un par de metros.
- Además, los monitores, cuando se usan para jugar y especialmente si se hace desde ordenadores potentes, tienen acceso a contenido en resoluciones tan altas como nuestro hardware nos permita. Aquí el 4K nativo no es imposible, ni tampoco lo es superar esa barrera, especialmente si nos apoyamos en las tecnologías de reescalado actuales de la industria gaming.
Estas dos características hacen que con el monitor, lo que importe no sea tanto la resolución en sí como la densidad de píxeles por pulgada. Un monitor FHD de 24 pulgadas es más que correcto, pero uno de 27 pulgadas, con la misma resolución, ofrece un acabado mucho menos deseable: hay la misma cantidad de píxeles en una zona más grande de pantalla, así que se pierde claridad de imagen.
Por eso la mayoría de monitores del gran mercado son de 27 pulgadas y QHD, que es el punto dulce, pero desde una distancia tan corta, podemos aumentar la resolución y la mejora es visible y muy agradable. El actual techo de la industria son los modelos 4K… o más bien lo eran hasta hace muy poco.
El Odyssey G8 G80HS: la joya pionera de Samsung
El Odyssey G8 G80HS ya ha aterrizado en el mercado y es la prueba de que el gaming 6K es una realidad. Samsung nos presenta un dispositivo bestial, a falta de palabras mejores para describirlo, que consigue el hito de ser el primer monitor gaming 6K de toda la industria.
Con una diagonal de 32 pulgadas y una tasa de refresco de 165 Hz, Samsung nos pone ante una pantalla de definición sin igual hasta la fecha, que solo podemos soñar con tener algún día delante, porque una densidad de píxeles por pulgada como esa no puede imaginarse hasta que la experimentas.
Además el monitor ofrece Dual Mode, permitiendo también jugar a 330 Hz en 3K, que sigue siendo una definición impecable en esa diagonal y que muchos equipos agradecerán porque, actualmente, incluso las tarjetas gráficas más potentes del mercado tienen mucho que trabajar con una resolución como esa, al menos en juegos exigentes.
Y no viene solo, el G80HF es otro modelo de 27 pulgadas con resolución a 5K y 180 Hz o QHD a 360 Hz, y el Odyssey OLED G8 G80SH ofrece su panel OLED en 27 y 32 pulgadas con resolución 4K y 240 Hz. Es curioso que los paneles OLED, punteros en calidad de imagen y definición, no ofrezcan todavía estas resoluciones ampliadas, aunque sin duda es cuestión de tiempo que veamos surgir nuevas joyas con esa y otras novedades.
Por ahora, la nueva hornada de Odyssey G8 de Samsung aún no está disponible en nuestro país, aunque pudiendo verse ya en plataformas como la tienda oficial y Amazon en el mercado global, seguro que no falta mucho para que los tengamos aquí.
