Hemos podido dar uso a uno de los nuevos discos duros de la gama Goodram CX300. Estos son componentes que utilizan tecnología de estado sólido (SSD), y que ofrecen opciones avanzadas respecto a los mecánicos de toda la vida. Así, por ejemplo, son más rápidos y fiables en la transferencia de información y, además, su consumo es más reducido. Esto es la impresión que nos ha dejado el modelo de 120 GB, que es el que hemos utilizado.

El disco duro Goodram CX300 llega en una sencilla caja en la que en su interior está el componente del que hablamos, que cuando se tiene en la mano hay algo que está realmente claro: el producto pesa muy poco, por lo que este es otro añadido que se consigue si, como en mi caso, el uso se realiza en un ordenador portátil. Aparte, y antes de nada, es importante comentar que la garantía que llega con el componente es de tres años, lo que es un buen detalle.

Las dimensiones son las habituales para montar de forma directa el Goodram CX300 en un portátil, pero se incluye un adaptador -sencillo de utilizar y manipular- para que se pueda conectar perfectamente en equipos de sobremesa donde en vez de dar uso a las 2.5 pulgadas se pasa a las 3.5. Por esta razón, la compatibilidad que ofrece el disco duro interno es completa -podríamos decir que total-.

Caja del disco duro Goodram CX300

Nada de complicaciones con Goodram CX300

A la hora de montar el disco SSD no se tiene duda alguna, ya que las dos conexiones que son de la partida no dejan lugar a la duda respecto para lo que sirve cada una de ellas (energía y transferencia de datos). Una vez instalado, cuando se inicia el ordenador en la BIOS comprobamos que el reconocimiento exacto del modelo de Goodram CX300 es perfecto, por lo que simplemente hay que comenzar con los procesos habituales de creación de particiones y formateado, donde ya detectamos que las prestaciones son bastante buenas, la verdad.

Una vez que se tiene todo disponible, comenzamos con el proceso de test de velocidad de escritura y de lectura. En el primero de los casos copiamos un archivo único de 2 GB que con el disco mecánico que utilizamos lo habitual es conseguir unas tasas de transferencia de hasta 47 MB/s en Windows 10 (con picos mínimos de hasta 24 MB/s). Mientras, con el Goodram CX300 las velocidades que obtuvimos ascendieron a 220 MB/s -con momentos puntuales a 184 MB/s). Por lo tanto, hablamos de un reducción de tiempo al trabajar de hasta un 40%.

Al realizar escrituras los resultados fueron similares tanto en velocidades como en el tiempo de ahorro que se consigue -para nuestra sorpresa, al utilizar varios archivos de menores dimensiones, las diferencias de rendimiento aumentaron un poco, lo que no esperábamos en un principio-. De esta forma, queda claro que con el Goodram CX300 se consigue una mejora interesante por un precio que no es excesivo. Así, el controlador Phison S11 integrado se comporta mejor de lo esperado al trabajar con los módulos de memoria NAND TLC de 15 nm que son de la partida en el disco duro.

Nuestra opinión sobre el Goodram CX300

Hemos querido enfocar este artículo en comprobar si se mejora el uso de un portátil con procesador Core i5 (con chipset Intel B85) y 8 GB de RAM. Y, lo cierto, es que la ganancia media es de un 45% de rendimiento al escribir y de hasta un 38% al leer datos. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que hablamos de un disco duro Goodram CX300 que cuesta unos 60 euros, merece bastante la pena la inversión -ya que se optimizan todo los procesos y se aprovecha mucho mejor el ancho de banda que ofrece el hardware en conjunto-.

Disco duro Goodram CX300 en mano

Además, no se debe olvidar que este modelo llega con el añadido de ofrecer un garantía de tres años y opciones tan interesantes como la reducción de peso y temperatura (apenas se calienta al utilizarlo), lo que afecta directamente y de forma positiva en el uso del ordenador. Aparte, su estabilidad -que se sitúa en un tiempo de uso medio sin error de dos millones de horas- y amplia resistencia también son detalles a tener en consideración.